No hay quien lo haga callar: El Coronel Martinez Inglés vuelve a acusar al Rey

Posted: domingo, 4 de noviembre de 2012 by mafiaPPSOE in Etiquetas: , , , , , ,
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¿Por qué no te largas?, le pregunta al monarca


Sí, sí, divino rey de derecho franquista; amantísimo suegro del mago español de las finanzas, señor Urdangarín; supremo muñidor del singular casting por el que éste pudo alcanzar el cielo de Telefónica y marcharse desterrado a la capital del Imperio con un sueldo millonario; padre biológico de la todavía no imputada Cristina de Pedralbes (título que tuviste a bien regalarle tras la “compra” del micro piso barcelonés que tanto ella como su morganático esposo adquirieron con el sudor de la frente… de tus amados súbditos); presunto (esta palabrita de rancia raíz democrática la pongo una vez más pero voy a tratar de olvidarla en el futuro por lo que se refiere a tu augusta persona ya que como inviolable e irresponsable constitucional que eres, no hay juez en el mundo que pueda desprenderla de tu despreciable currículo a través de una sentencia en firme y, en consecuencia, tu presunción de inocencia no deja de ser una anécdota de intrascendencia jurídica e histórica y, encima, “ad eternum”) encubridor de los delitos monetario/fiscales (aquí sí que podría entrar lo de “presuntos” porque el juez Castro es lento pero seguro y todavía no se ha definido) cometidos por el ya mencionado Urdanga; autogolpista de salón en la famosa tarde/noche del 23-F (en esto sí que voy sobre seguro y ni presunto ni leches después de que el extinto embajador alemán en la España de aquellos años haya revalidado mis investigaciones de casi treinta años); fratricida confeso (lo has reconocido tú y tu familia) y “presunto asesino vitalicio” porque ningún juez (ni siquiera la Fiscalía General de Portugal a la que recurrí recientemente para que, en base a un exhaustivo informe que le remití admitido a trámite y luego archivado por presiones españolas, reabriera el caso) ha investigado ni investigará nunca lo sucedido aquél trágico día 29 de marzo de 1956 en la mansión de tus  señores padres en Estoril cuando, con 18 años de edad y siendo un militar profesional del Ejército español experto en el uso de las más variadas armas portátiles (después de seis meses de instrucción intensiva como todos los cadetes de la Academia Militar de Zaragoza debías saber manejar a la perfección la pistola de tu propiedad), “ultimaste” de un certero disparo en la cabeza, que le entró por las fosas nasales y le destrozó el cerebro, a tu hermano D. Alfonso, ojito derecho de tu señor padre, el conde de Barcelona.
Seguimos, majestad: responsable, en grado de colaborador necesario, de los crímenes de los GAL (esto no lo puse en mi anterior misiva del “por qué te callas” para no deprimir más de lo que está al españolito de a pie pero lo saco ahora de nuevo a colación para darle motivo de charla al juez del TOP, perdón de la AN, que me ha invitado a que le dé una conferencia personal y exhaustiva sobre tus corruptelas y devaneos el próximo 16 de abril, a las 10,30 horas) y aquí si que no hay tu tía sobre lo de “presunto” o “no presunto” puesto que a primeros de marzo de 1983 centenares de militares del Ejército español (de coronel a teniente general), y tú el primero de todos ellos que para eso ostentabas (y todavía ostentas) la suprema jefatura de las FAS españolas, tuvieron conocimiento a través de un escrito secreto del CESID (luego denominado por los llamados periodistas de investigación “Acta fundacional de los GAL”) de las barbaridades de Estado que contra ETA preparaban los descerebrados dirigentes antiterroristas de las cúpulas de  Defensa e[Img #5590]
Interior; “malversador indirecto” (está claro que tu no pagaste con la visa mientras te abrochabas la bragueta pero otros sí lo hicieron por ti) de fondos públicos de los llamados reservados para pagar el chantaje de determinada vedette del espectáculo español que, abandonada en la cama a mediados de los años noventa después de quince de servicios especiales al Estado (a tu ya señalada bragueta, más bien), amenazaba con subir a Youtube (es un decir) tus hazañas kamasutreras grabadas en alta fidelidad; reo de un delito de “alta traición” a la nación española al haber entregado en secreto a Marruecos y Mauritania en noviembre de 1975, con nocturnidad y alevosía, mediante un pacto secreto con el Departamento de Estado norteamericano y desempeñando el cargo de Jefe del Estado en funciones, la antigua provincia del Sahara Español, condenando a sus habitantes (ciudadanos españoles en aquella época) a sufrir un espantoso genocidio (más de tres mil víctimas) por parte del Ejército marroquí; reo, también, de un delito de cobardía ante el enemigo ¿eres militar, no? al haber abandonado una parte muy importante del territorio español de la época (300.000 Km2) al enemigo invasor sin ordenar siquiera que el Ejército a tus órdenes disparara un solo tiro y entregándole, además, acuartelamientos, armas y bagajes…
Bueno, podría seguir recordándote tus desmanes, inicuo rey de los españoles (ya de muy pocos y de derechas, mayormente) de los que, curiosamente, debo responder (yo, el mensajero) el próximo día 16 de abril ante el juez y no tú que eres el delincuente (no me cabe otra opción que acudir otra vez, en contra de mi criterio, a la cantinela de “presunto” pero no quiero que se me enfade el magistrado antes de soltarle lo que pienso soltarle en esa conferencia primaveral a la que me ha invitado), pero no puedo cansar más al personal con la que está cayendo en este país empobrecido, arruinado, al borde del rescate financiero y moral por parte de Europa.
Yo, desde luego, hasta hace muy pocos días pensaba, amigo Juanito (oye, perdona por la confianza en el trato pero aunque estemos en campos separados, yo con la III y tu apurando las mieles que te regaló tu amado generalísimo, somos casi de la misma edad, yo [Img #5591]
algún añito más viejo que tú pero ¡ojo! cronológicamente hablando porque en edad biológica te doy sopas con onda; por cierto ¿en cuanto haces tú los cien metros? yo, en 14, 4 segundos ¿no está mal eh?) que más tarde o más temprano tendría que acudir con mis libros, mis papeles, mis investigaciones, mis análisis (hasta balísticos sobre la muerte de tu hermano), mis informes…etc, etc, al Congreso de los Diputados (hace años que les envío informes y denuncias al respecto) para contarles todo lo que sé sobre tu, para mí, mezquina figura. Pero no, ahora resulta que no, que por una imposición (directa o no) de tu etéreo poder en decadencia ante la nueva Fiscalía del Estado que ha encontrado terreno abonado en un PP borracho de poder (hasta el varapalo de Andalucía, obviamente, que les ha sentado como una purga acelerada a base de aceite de ricino) debo acudir nada menos que a la Audiencia Nacional a recibir una reprimenda institucional como presunto narcotraficante del pensamiento, presunto terrorista de la palabra o, cuanto menos, como mensajero republicano desvergonzado. Y todo ello por haber llamado banda de puteros, cabrones, borrachos, golfos… etc, etc, a tus ancestros reales. ¡Qué risa! Como si yo me hubiera inventado que Isabel II  fue una putorra de campeonato, Fernando VII un crac felón, tu abuelo Alfonso XIII un putero y un borracho… y paro ahí porque no me gusta meterme con el padre de nadie. Con el objetivo final de asustarme  y silenciarme de una puta vez como si yo fuera (con todos los respetos y admiración a tan valerosos artistas) un componente más del trío  “Ardor de Estómago” al que le recientemente le habéis metido una multa por llamarte hijoputa  en una de sus canciones.
Está claro, majestad, que os habéis equivocado, que habéis metido la pata hasta el corvejón, que sois legos en estrategia, en táctica, que estáis sonados, que sois estúpidos y que, desde luego, no me conocéis. Y el tremendo error cometido (los errores en la guerra y en la paz se pagan siempre, sobre todos los que minusvaloran la capacidad del enemigo) puede costaros muy caro a todos (PP, incluido) y, en particular, a ti, viejo y acabado rey, que permaneces agazapado y atontolinado en tu bunker de La Zarzuela desde que explosionó el caso Urdanga mientras te come el poco terreno que te queda el clan familiar formado por los ambiciosotes Felipillo&Leticia.
A mí ni me asustas tú, antiguo cadete Juanito, ni tus clanes familiares (muy preocupados porque son conscientes de que se les aleja la posibilidad de ceñir algún día la corona franquista), ni tus alabarderos, ni tus palacios, ni tu obsoleta parafernalia cortesana, ni tus tribunales, ni los acomodaticios políticos que todavía te sostienen, ni nada de nada… No me asusta nada de eso. Por ello, y ya termino esta nueva misiva a tu regia figura,  no me corto un pelo en decirte públicamente, a través de estas humildes líneas, que te vayas, tu tiempo se ha acabado y el pueblo español quiere en estos momentos (ahí están las encuestas y los millones de comentarios en Internet) un cambio político, social y económico real, en profundidad, lejos ya de los maquillajes y engaños propios de la llamada modélica transición. O sea, en román paladino, lo que la sociedad española del siglo XXI demanda en estos momentos es volver de una vez al legítimo régimen progresista republicano y enterrar para siempre la pesadilla franquista que ha durado más de setenta años.
¡Ya está bien, Juanca! Por favor ¿Por qué no te largas?
Fdo. Amadeo Martínez Inglés
Coronel. Escritor. Historiador




Recordando la famosísima frase que le dirigiera el monarca español al Presidente venezolano Hugo Chávez, “¿Por qué no te callas?”, el polémico coronel expulsado del ejército español, Martinez Inglés, se la devuelve ahora al monarca en relación con el asunto de presunta estafa multimillonaria protagonizada por su yerno Iñaki Urdangarin. Este es el texto íntegro de la carta del polémico coronel aparecida en Canarias Semanal:

“Sí, sí, regio suegro del atlético Urdanga; divino monarca enviado por el Espíritu Santo a este bendito país para velar por la democracia, la felicidad, la salud y el bienestar de sus sufridos ciudadanos; rey sin par que crees provenir del testículo derecho del emperador Carlomagno cuando en realidad lo haces de la pérfida bocamanga del genocida Franco.


Sí, tú, último representante en España de la banda de borrachos, puteros, idiotas, descerebrados, cabrones, ninfómanas, vagos y maleantes que a lo largo de los siglos han conformado la foránea estirpe real borbónica culpable del atraso, la ignorancia, la degradación, la pobreza, el odio y la miseria generalizada de centenares de generaciones de españoles; presunto (estamos en un Estado de derecho aunque no lo parezca) malversador de fondos públicos para pagar francachelas sexuales; corrupto máximo en un país donde, desgraciadamente, la corrupción se mama desde la cuna; impune muñidor de una descomunal fortuna personal que nadie en este país sabe de donde ha salido; vil autogolpista castrense en aquél recordado 23-F que organizaste in extremis para salvaguardar tu detestable corona franquista; fratricida confeso (o presunto asesino) en tu juventud; reo de un delito de alta traición a la nación española al pactar en 1975 con el Departamento de Estado norteamericano, ostentando interinamente la Jefatura del Estado español por enfermedad del dictador Franco, la entrega vergonzante a Marruecos de la totalidad de la antigua provincia española del Sahara Occidental (territorio bajo administración española, según la ONU) en evitación egoísta de una guerra con ese país que hubiera puesto en peligro tu tambaleante corona; corresponsable, en consecuencia, del espantoso genocidio posterior (más de tres mil víctimas) cometido por el rey alauí, Hassan II, para dominar el inmenso territorio abandonado por España… tú que mandas callar a voz en grito a jefes de Estado extranjeros.


¿Por qué callas ahora? ¿Por qué no hablas, y cuanto antes, a los españoles? Primero ¡faltaría más! de las andanzas presuntamente delictivas (los jueces hablarán próximamente) de tu deportivo yerno, ese caradura integral que se ha valido de su matrimonio (con el, seguramente, también delictivo consenso de su gentil esposa) y de la impunidad casi absoluta de que ha gozado hasta ahora la llamada familia real española, para apropiarse de millones de euros del erario público. Con la gentil colaboración de políticos y altos cargos de las derrochadoras y detestables administraciones públicas de este país (central y autonómicas).


Y en segundo lugar, supremo líder de la ya amortizada monarquía franquista del 18 de julio, y ya va siendo hora, háblanos de todas las irregularidades y presuntos delitos cometidos por tu regia persona, algunos de los cuales acabo de señalar y que este humilde mortal (o plebeyo, como quieras) ha denunciado repetidas veces en los últimos años ante las Cortes Españolas, única institución que puede entender de los mismos en base a la absoluta impunidad constitucional de la que gozas gracias a tu amado generalísimo, el tercer dictador más sanguinario de la historia europea después de Hitler y Stalin. Presuntos delitos de los que más tarde o más temprano tendrás que responder ante el pueblo español y que, no te quepa la menor duda, ocuparán algún día páginas y páginas en la triste historia de este país de la modélica transición y gaitas parecidas.


Porque, amigo monarca, ya conoces los populares dichos: “A todo cerdo le llega su San Martín” y “El tiempo coloca a cada uno en su lugar”. Y a ti, y a toda tu familia y parentela más o menos cercana de enchufados, vagos y maleantes de toda laya, parece ser que está a punto de llegaros esa suculenta y tradicional onomástica de ancestral raíz gastronómica a la vez que el justiciero “devenir temporal de la historia” os arrincona sádicamente contra vuestro propio latrocinio y contra vuestra y escandalosa corrupción; decidido a bajaros a todos a las negras profundidades del infierno político y social.


El largo tiempo del vino (Vega Sicilia, naturalmente) y las rosas de palacios y lujosas residencias veraniegas (más de siete lustros), gastándoos a espuertas el escaso dinero de los amados y tontorrones súbditos, toca a su fin. Y todos, absolutamente todos los componentes de esa tu despreciable familia real, tendréis que comparecer algún día ante la justicia; unos, como el atlético y descerebrado deportista de elite que creyó que le había tocado la bonoloto cuando la infantita de marras le eligió como dulce esposo de su particular cuento de hadas, muy pronto, porque las pruebas son irrefutables y porque, aunque torpe y lenta, la bella diosa ciega celtibérica de la balanza de oro, no podrá esta vez mirar para otro lado y tendrá que castigar como se merece tanto derroche, tanto latrocinio y tanta vagancia familiar e institucional; otros, como las infantitas borbónicas casadas o separadas temporalmente de sus parejas, que se dejan querer cobrando espectaculares sueldos millonarios de grandes empresas españolas y multinacionales y que, con tribunales o sin ellos, pronto tendrán que renunciar a tanta bicoca; y tú, todavía rey franquista de todos los españoles, aún protegido como estás por la larga mano del dictador y por la nefasta herencia constitucional de unos cuantos pelotas de intramuros del régimen (padres de la patria, qué risa) que parieron una Carta Magna a tu medida haciéndote divino e inviolable… no te confíes demasiado que el horno no está para bollos y muy pronto pintarán bastos en las calles y avenidas de muchas ciudades españolas.
¡Deja ya de hacerte el muerto! ¡Deja ya de emplear medios del Estado (aviones militares y demás) para acudir a grandes premios de Fórmula I o torneos internacionales de tenis a la par que eludes con total desvergüenza las escasas y ridículas obligaciones de tu medieval cargo…y habla! Cuéntanos a los españoles si conocías o no las presuntamente delictivas andanzas de tu todavía yerno, el Urdanga ése, y por qué te hiciste el sueco si, como es de cajón, las conocías. Y, también, nos pones al corriente de a cuanto asciende a día de hoy tu amañada fortunita, de como se desarrollaron (sin entrar en detalles morbosos, desde luego) tus pícaras alegrías amatorias con cargo a los fondos reservados del Estado español, de como transcurrió el tortuoso día (23-F del 81) en el que salvaste a todos los españoles… y de todas las demás guarrerías personales y familiares cometidas en tu ya largo reinado. Así los españoles nos iremos enterando de todo ello sin tener que acudir a Internet y los jueces y los diputados electos del Partido Popular del hoy “muy asustado y mudo Rajoy” podrán ir tomando nota. Para cuando haga falta, naturalmente… “.


Armada desvela desde la cárcel los detalles del 23-F




28 de noviembre de 1983 . Casi tres años después del golpe de Estado, el exgeneral Alfonso Armada, pieza clave del 23-F y condenado a 30 años de prisión por su participación en los hechos, rompió su silencio en la revista ‘Tiempo’ con un relato en primera persona sobre lo ocurrido. La ‘solución Armada’ era, según él, una salida digna para los problemas de España.

Son las 18.20 horas del 23 de febrero. Estoy en el despacho del general Gabeiras. Es un despacho normal y tranquilo. Se abre la puerta y un ayudante avisa: “Hay tiros en el Congreso”. ¡Sorpresa! [el general] Gabeiras pide un transistor. Conecta Radio Nacional, pero se oye muy mal. Alguien habla de la ETA. Como es natural, se suspende el despacho que estábamos realizando. Poco después, sobre las 19 horas, llama Su Majestad y pregunta a Gabeiras por mí. Le dice que estoy en su despacho. El Rey quiere hablar conmigo. Es una conversación breve, en la cual me comunica que a Sabino [Fernández Campo, jefe de la Casa del Rey] le ha llamado [el general] Juste, preguntando si estoy en La Zarzuela. Informo a Su Majestad de que no me he movido del despacho de Gabeiras y le pregunto si desea algo. Me ordena: “Quédate ayudando a Gabeiras; me parece que vais a tener trabajo”.
A las 19.30 llama Juste y me dice que no ha podido hablar conmigo antes por tener las líneas bloqueadas. Me pregunta si he estado en La Zarzuela, a lo que contesto que no, y al notificarme que se ha utilizado mi nombre en la División Acorazada le afirmo: “No he autorizado ni autorizo a nadie para que tome mi nombre”. A continuación Gabeiras ordena al coronel Alcalá Galiano que “reduzca a Tejero por la fuerza”, orden que no fue cumplida. Advierto a Gabeiras de la gravedad que podría entrañar esta decisión.
Poco después (o quizá antes, no estoy seguro) llama el general Aramburu, que está en el Palace. Habla con Gabeiras y este me dice que me ponga al teléfono. Me pide Aramburu que vaya al Congreso de los Diputados para calmar la situación, pues a él no le hacen caso pero Tejero consiente en hablar conmigo. Respondo a Aramburu que tengo que pedir autorización a Gabeiras. Pregunto a Gabeiras y me dice que espere. Van llegando muchos generales y jefes, y en el despacho de ayudantes, así como en el de Gabeiras, hay un gran número de personas.
No puedo hablar con Aramburu por teléfono para comunicarle la decisión de Gabeiras, siempre está comunicando. Envío a mi ayudante Bonel para decirle que me llame cuando pueda. Sobre las 20.25 horas (dato extraído del informe del ministro señor Oliart), el general Gabeiras se marcha del Cuartel General del Ejército, dejándome a cargo de la jefatura del Estado Mayor del Ejército de Tierra. Desde ese momento y hasta su regreso, Gabeiras permanece en el edificio donde reside la jefatura de la Junta de Jefes de Estado Mayor con el resto de los componentes de la misma. No es cierto que anteriormente tuviese el menor incidente con el JEME, y rechazo como falsas tales informaciones. Fui yo el que le propuse estar los dos en su despacho para centralizar las informaciones. Mientras el general Gabeiras estuvo ausente, me quedé en su despacho con varios generales. Nunca estuve solo, y a las declaraciones de las personas que me acompañaron me remito. Que indiquen si durante ese tiempo realicé alguna gestión encaminada a favorecer el golpe.
Incidente sangriento. Al recibir noticias desde Valencia sobre la posibilidad de que en el Congreso pudiese ocurrir algún incidente sangriento, y como el general Aramburu reclamase de nuevo mi presencia en el Congreso, hablé con La Zarzuela y expliqué mi preocupación ante la eventualidad de un hecho grave e irreparable. Hablé también con los generales Alfaro y Gabeiras. Insistí en que era necesario buscar alguna fórmula para evitar este peligroso problema, y pedí que me autorizasen para ir al Congreso, como pedía Aramburu. Así lo hicieron, aunque advirtiendo que fuese “a título personal”. No recibí ninguna otra limitación.
Sobre las 21.30 horas regresa Gabeiras al Cuartel General. Allí, y ante un numeroso grupo de generales, le expreso otra vez mi profunda preocupación ante la situación creada. La reacción primera del JEME es la de ir él personalmente al Congreso, conmigo, añadiendo que iría para declarar el estado de guerra, luego cambió de opinión y consideró que sería mejor buscar otra fórmula. No la encontramos. Entonces, y después de hablar el JEME con La Zarzuela, me ordena que vaya al Congreso a solucionar el problema. Puedo ofrecer a Tejero un avión para salir de España. La propuesta que yo pienso presentar a Tejero estriba fundamentalmente en que se retiren los guardias y que sea el propio Congreso el que delibere y acuerde una fórmula para la formación de un Gobierno que solucione la situación creada y trate de volver a la normalidad. La fórmula debería presentarla el propio Congreso de los Diputados al Rey. Lo importante en aquellos momentos (así me lo parecía) era resolver la emergencia. Antes de salir yo para el Congreso, el general Gabeiras -o en su presencia al menos- me da por teléfono el santo y seña para entrar en el edificio:Duque de Ahumada. Me preparo para salir.
Quieren acompañarme varios generales. Acordamos que fuese solo para no dar la sensación de coacción. En aquellos instantes mi pensamiento estaba en buscar una solución digna al encierro del Congreso y a la actitud del general Milans del Bosch. Me preocupaba hondamente la idea de un Ejército dividido. Mientras Gabeiras decía “ya lo está, no hay nada que hacer”, yo trataba de orientar mis esfuerzos para unir y soldar, nunca para dividir. Pensaba que todavía estábamos a tiempo. Así pues, después de expresar estas ideas, y autorizado por Gabeiras, salí para el Congreso de los Diputados.
Inteligente y honesto. Sobre las 23.45 salí en el coche oficial con el ayudante, comandante Bonel, hacia el Congreso. En el Palace tenían noticias de la gestión que se me había encomendado. Gabeiras había telefoneado para advertirlo. Llegado a dicho hotel, veo a los generales Aramburu y Santamaría, así como al gobernador civil de Madrid, Mariano Nicolás. Aramburu, que me había llamado repetidas veces, me saluda: “Por fin vienes. Nunca he tenido tantas ganas de verte como ahora”. Tengo el mejor de los conceptos de José Luis Aramburu. Trabajador, inteligente, honesto, podrá equivocarse alguna vez, pero estoy seguro de que sus actos están siempre inspirados por un gran patriotismo.
Salgo del hotel Palace para el Congreso. Me acompañan Aramburu y Santamaría hasta la puerta. Solo nos dejan pasar a mí y al ayudante. Se adelanta Tejero. Le digo: “Soy el general Armada”. Me contesta: “¿Quién no conoce al general Armada? A sus órdenes”. Me lleva hacia un despacho de cristales en el edificio nuevo.
Tejero y yo hablamos durante más de tres cuartos de hora. Tejero aparenta calma y decisión. Trato de convencerle de que hay que buscar una solución constitucional al problema y de que no puede haber víctimas. La solución tiene que pasar por una propuesta del Congreso a su majestad, a cambio de la libertad de los retenidos. No sé muy bien en qué consiste lo que Tejero quiere; pero me parece que es que el Rey promulgue unos decretos disolviendo las Cortes; que se actúe con energía para erradicar el marxismo; y nombrar una Junta Militar para que gobierne España. Al contestarle que yo voy “a título personal” y que mi propuesta tiene que ser “constitucional”, no accede en absoluto. Discutimos. Llamamos a Valencia, pues yo pretendo liberar a los diputados y que no haya ningún episodio sangriento. El general Milans le dice a Tejero que me haga caso. Tejero no acepta. Llego a la conclusión de que está decidido a no ceder. Se considera muy fuerte y cree que va a conseguir sus propósitos. No puedo convencerle, pero lo que sí me asegura es que no habrá víctimas, salvo si se intenta el asalto por la fuerza. Le prometo que intentaré que no se busque una solución de fuerza. Tejero me dice: “Si meten los GEOS, no respondo. Esto puede ser un nuevo Santa María de la Cabeza”.
Terminada la entrevista, hablo un momento con los oficiales que nos observan. Tejero me dice: “No trate de desmoralizar a mis guardias. Tienen un gran espíritu”. “Los conozco bien -le contesto-, pues estuve en la Dirección más de cinco años y creo que ellos me conocen. Saben de mi amor a España y a la Guardia Civil”. A estas palabras Tejero replica: “Cualquiera de mis guardias ama tanto a España como usted, mi general”. Le respondo con energía: “No es usted quién para juzgar mi entrega, servicios y amor a España, ni pretendo hacer comparaciones”. Tejero añade: “Perdón, mi general: no era esa mi intención”.
Me dirijo hacia la puerta, acompañado por Tejero, varios oficiales de la Guardia Civil y mi ayudante. Allí nos despedimos. He fracasado en mi gestión de liberar al Gobierno y a los diputados. Son aproximadamente la 1.15 horas del 24 de febrero. Me dirijo al hotel Palace. Allí habló con Aramburu, Santamaría y Mariano Nicolás. Les explico la imposibilidad de lograr la salida de los diputados, y mi certeza de que no habrá sangre “si no se emplea la fuerza”. También cambiamos impresiones sobre la imposibilidad de asaltar el Congreso.
Los GEO, a la espera. Antes de salir de la oficina en el Palace, donde estaba instalado el puesto de mando de la operación para aislar a las fuerzas asaltantes del Congreso, el general Aramburu me indicó que Laína [secretario de Estado de Seguridad] quería verme para conocer de primera mano una información directa sobre lo que sucedía en el Congreso. Aramburu añadió: “Trata de convencer a Laína de que el asalto por la fuerza es imposible. Que si lo intentamos podría producirse una hecatombe”, le digo a José Luis que no emplee esta palabra. No me entiende. Me he quedado con las ganas de explicarle el significado de “hecatombe”, pues ya se sabe que es el sacrificio de cien bueyes en la antigua Grecia. Esto mismo me señaló Mariano Nicolás que se ofreció a acompañarme. Aramburu también quiso venir, pero pareció más prudente y necesario que siguiese en su puesto de mando del Palace. Quiero hacer una salvedad en este momento: estoy seguro de que José Luis Aramburu no pretendió tenderme una trampa llevándome al Ministerio del Interior. Ni es su estilo ni su amistad y sentido del compañerismo se lo hubiesen permitido; estoy convencido de ello.
Salí, pues, con el gobernador civil de Madrid, en mi coche oficial, con el ayudante, hacia el Ministerio del Interior. Estaba preocupado con la situación, pues aunque después de las palabras de Tejero no creía en un desenlace sangriento, tampoco se traslucía una solución fácil y digna para todos. Hablé con Mariano Nicolás durante el camino. No recuerdo las palabras, pero estoy seguro de que mi espíritu de servicio a España y mi fidelidad al Rey hubieron de aflorar. Seguí pensando más que en la solución próxima en las consecuencias del golpe para España y para el Ejército.
Llegamos al Ministerio del Interior y entré en el despacho, que estaba desbordado de gente, y Mariano Nicolás me presentó a Laína y a Harguindey. Este me recordó una visita a Santa Cruz de Rivadulla, e hizo alusión a su padre, médico famoso y que lo fue del cardenal Quiroga y de mi familia. Después de saludar a casi todas las personas que estaban en la habitación, éstas fueron saliendo. No recuerdo todos los nombres. Me parece que estaban Alberto Aza, secretario de Suárez, Rodríguez Inciarte, Aurelio Delgado, Federico Gallo, etcétera.
Antes de sentarnos hablé con Sabino en La Zarzuela, para dar cuenta del fracaso de mi intento de liberar a los diputados. Fue una comunicación breve y cordial. Y en seguida empezó la conversación con Laína. Si dijese que fue agria, no diría la verdad. Al menos no tuve esa impresión. Ahora que ha pasado el tiempo y que he leído y releído las declaraciones de Laína, sigo sin comprender cómo se pueden modificar tanto los conceptos y cambiar las palabras. No recuerdo con exactitud lo que dije. Pero tengo seguridad plena en las ideas. Podrían sintetizarse en:
A) Evitar el asalto al Congreso: por los riesgos que entrañaría la operación para los diputados; por la dificultad de la ejecución, dado el número, calidad y decisión de los defensores. Además, por las condiciones que
 reúne el edificio; por haber asegurado a Tejero que intentaría que no se produjese el asalto, a cambio de que él respetase la integridad de los diputados.
B) La defensa del Rey y de la institución monárquica: soy un monárquico convencido. Creo que es la fórmula de Estado que proporciona a España mayor estabilidad. Pero tiene que estar por encima de las opciones y de los partidos. A la monarquía hay que servirla, no servirse de ella.
C) La unión de las Fuerzas Armadas. Con unas Fuerzas Armadas unidas e ilusionadas en su misión, la estabilidad está asegurada.  Con unos ejércitos divididos, cualquier pronóstico tiene que ser incierto. Las palabras de Gabeiras: “Ya tenemos al Ejército dividido”, no eran de recibo para mí.
Estas, y no otras, eran mis ideas, cuando me encontraba frente a Laína. Confieso que me impresionaba su falta de sensatez al desconocer los riesgos que comportaría una operación como el asalto al Congreso. No podía comprender que un secretario de Estado dijese que había que “intentar el asalto”, que “la Constitución pedía…”. Luego hablaría con Gabeiras y sería este quien le convenciera de que el asalto al Congreso no era posible. Gabeiras, como es natural, lo entendió fácilmente e impuso su criterio, que coincidía con los de Aramburu y Santamaría. Me impresionó leer después en el informe Oliart, que el señor Laína seguía empeñado de madrugada en meter a los GEO. Me despedí de Laína, y con el gobernador civil de Madrid nos fuimos al Cuartel General del Ejército.
Sobre las 2.30 horas de la madrugada llegué al Cuartel General. Di cuenta a Gabeiras de mi gestión, y en su despacho, con otros generales, permanecí toda la noche. A esa hora ya había pocas llamadas telefónicas. La normalidad, menos en el Congreso, se iba restableciendo. No creo necesario detallar las vicisitudes. De todos son conocidas y en lo esencial no varían de las versiones dadas. Después de mi entrevista con Tejero yo estuve más tranquilo. Confiaba en que todo se resolvería sin derramamiento de sangre, y pensé que había hecho lo que debía. Confieso que me sentía triste. Comprendía las consecuencias de lo ocurrido aquel día. El general Esquivias había ido anotando las llamadas en una libreta.
Sobre las ocho de la mañana fui a mi domicilio para mudarme y lavarme un poco. Desayuné y vi a mi familia, que había pasado la noche en continua tensión. También ellos, como muchas otras personas, pensaron que con mi entrada en el Congreso se había resuelto todo. A las 8.30 horas me presenté a Gabeiras en el Cuartel General y luego subí a mi despacho. Empecé a ordenar el trámite suspendido la tarde anterior y a resolver los asuntos normales. Sobre las 10.00 horas se presentó el teniente coronel Fuentes y me pidió permiso para ir al Congreso y hablar con Pardo Zancada. Pedí autorización a Gabeiras, que la concedió.
Al cabo de media hora me llaman para decirme que fuese nuevamente al palacio de la Carrera de San Jerónimo, ya que el teniente coronel Tejero y el comandante Pardo Zancada querían concertar conmigo las condiciones de su rendición. Bajé al despacho de Gabeiras y se lo comuniqué. Hablé con el general Alfaro y me ordenó que fuese. Pasé por el Palace, y en unión de Aramburu nos dirigimos allí. Una vez en el Congreso, recibí la nota con las condiciones. Volví al Palace y después de comunicárselas a Gabeiras, me ordenó que hablase directamente con Alfaro. Así lo hice. Le leí por teléfono la nota, y consultó con La Zarzuela. Dieron la conformidad, volví al Congreso y se organizó la salida de los diputados. Posteriormente tanto los guardias como la compañía de Policía Militar montaron en sus vehículos y salieron hacia sus respectivos acuartelamientos, donde se entregaron. Tejero me pidió que le firmase la “nota de capitulación”. Lo hice sin ninguna duda, pues había recibido la conformidad verbalmente, con testigos y sin la menor ambigüedad. La orden de mi segunda visita al Congreso fue tan clara como la primera. Nunca tuve dudas de que cumplía órdenes.
Todo se ha acabado. Al salir, todos -o casi todos- daban las gracias y nos saludaban con especial afecto a Aramburu y a mí. La mayoría conocía los hechos a través de los radiotransistores y por informaciones de los guardias. Fueron especialmente cordiales los saludos de Adolfo Suárez, Rodríguez Sahagún (que me dijo que quería que le contase con detalle -luego no volvió a interesarse- los pormenores del asalto y los acontecimientos de aquella noche), Sánchez Terán, Pío Cabanillas, Alfonso Osorio, Senillosa, Areilza, Solana (que se presentó, pues yo no le conocía), y Múgica. Cuando salieron las unidades, di parte al general Gabeiras, quien me dio las gracias por la colaboración.
Para mí, el resumen no podía ser otro sino el de una jornada en que no hice nada más que obedecer a mis superiores. Volví a mi trabajo. Almorcé en casa y regresé de nuevo al Cuartel General. Sobre las 9.30 de la noche me llamó el general Gabeiras y me dijo: “Hemos tenido Junta de Defensa en La Zarzuela. Te he defendido. He informado que tú has tenido una actuación correcta, igual que los otros generales del Estado Mayor. Que obedeciste mis instrucciones. Que podía informar porque te había visto toda la noche. Que había comprobado el prestigio que tenías, lo que te permitía hablar con todo el mundo. Siento enormemente lo que tengo que anunciarte: serás relevado de tu puesto. Lo han exigido Rodríguez Sahagún y Suárez. El Guti [el general Gutiérrez Mellado, vicepresidente del Gobierno de Suárez] no ha dicho ni palabra. El Rey ha tenido un gran disgusto. Por supuesto, no estás arrestado y se te dará un destino. Lo siento no solo por ti, sino también por el recuerdo que conservo de tu padre”. Al decirle que “de defenderme” nada, y que militarmente su actitud era muy poco responsable para un jefe, añadió: “Son las servidumbres de la política, y los que ocupamos estos puestos tenemos que actuar así. Dame un abrazo”.
Cuando esto escribo, siento vergüenza de tener que hacerlo, esto es, de referirme a aquel episodio. No me choca lo de Rodríguez Sahagún; parecía que tenía un gran concepto de mí; pero él creía que había que actuar con dureza con los militares. Cuando el asalto de Berga, como he contado, ya quiso cesar al teniente coronel que mandaba el batallón. En mi caso, ni pretendió informarse ni habló conmigo antes de tomar una resolución tan grave. Yo actué a las órdenes de la superioridad en todo momento, y luego nadie tuvo interés en preguntarme; ni nadie tuvo en cuenta más de 44 años de servicio, algunos posiblemente de cierta importancia. Parece imposible, pero así ocurrió. El día 25 redacté una nota que envié al marqués de Mondéjar y a Gabeiras. Tengo constancia de que la recibieron, pero ninguno me contestó, ni se dignó a hablar conmigo.
Por ahora, esto es todo. Escribo con tristeza, pero sin el menor asomo de rencor hacia nadie. Me parece que esta actitud no cabe entre los que pensamos y deseamos seguir el camino que Cristo nos marcó. Con esto bastaría, pero deseo añadir que, sin faltar a la verdad, en todas mis declaraciones he tratado de no implicar a nadie, ni añadir nada que pudiese perjudicar a los que con afán de servicio, y pensando en España, deseaban lo mejor para nuestra patria. Lo que sí recuerdo muchas veces es que “un asunto mal planteado nunca se resuelve bien”. No tuve más solución que olvidarlo.

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#11M11 PPSOE-BOBONES COMPLICES DE LA AGENDA NOM LUCYferina




#11M11AÑOS NO OLVIDAMOS!!! #QueremosSaber [ACTUALIZADO]

11M UN MACRORITUAL LUCYferino DRACOniano

Observe un mapa de la zona de Atocha, verá un enorme triangulo con un
vértice a 666 metros de altura con la estatua del Angel Caído, otro vértice es el
Bosque de los Ausentes aparentando el Árbol de la Vida y coronado con el Ojo de Horus y el ultimo vértice es el monumento a las Victimas del 11-M, al cual se
accede por el interior de la estación, aparentando la Ascensión del Empireo del
Bosco, cambiaron el nombre de estación de Atocha por la de Puerta de Atocha,


siendo la Virgen de Atocha la guardiana y protectora de la Realeza. Un triangulo que tiene un ojo enorme en medio representado por el Real Observatorio Astronómico de Madrid, todo bañado con la sangre de 191 muertos y 1858 heridos añadiendo el sufrimiento de familiares y amigos, siendo las vías del tren junto con los diferentes puntos de explosión la representación de una Lagrima de Sangre.

Esto es un ritual de apertura.



http://pensaresgratis-mafiappsoe.blogspot.com.es/2015/03/11m11anos-no-olvidamos-queremossaber.html

MAFIAPP$OE SAL DE MATRIX



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